A Moca de paseo: parada en autopista y equilibrio en calle 3D

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Tras un año y meses ‘auto confinada’ por la pandemia dentro de los límites del Distrito Nacional salgo de la ciudad. Mi destino: Santiago y Jarabacoa, con un desvío en el camino: Moca, ciudad con la primera y única calle tridimensional en República Dominicana.

En el trayecto desde Santo Domingo, por la autopista Duarte busco sin encontrar los indicadores del kilómetro en que estamos. En lugares específicos Alexis, mi hijo menor, me señala puestos de venta al aire libre: muebles de hierro, batatas asadas, semillas de cajuil… Casi en Villa Altagracia nos atrapa un tapón: más de 50 camiones avanzando a marcha lenta en el carril derecho. En nuestro carril los conductores se ven forzados a ralentizar su avance. ¿Una huelga? A la altura del primer camión descubrimos que es un entierro.

‘Aquí hay hoyos que rompen gomas’, dice Alexis mientras transitamos sobre el pavimento en mal estado. Casi en La Cumbre, y también antes de la entrada a Cotuí, cuelgan de las cercas coloridas alfombras hechas con trozos de tela. A la altura de Bonao, el cielo casi negro amenaza lluvia. Entramos al restaurante Miguelina a comprar suspiros. Sus dulces y panes son muy buscados. Seguimos hacia El Típico Bonao. Cae tremendo chaparrón y no hay mesa disponible. Volvemos a Miguelina. En el restaurante la atención es lenta. Pido Crepes que, dicen, es el mejor de sus platos. No hay. Me transo por Berenjena a la parmesana. Pasable, pero rebosa de aceite. Alexis, Pollo Cordon Bleu con tostones. Los tostones, buenos. El pollo, mediocre. De final: Té de jengibre y chinola.

Desvío a Moca

Largo trecho después ‘Vamos a Moca’, dice Alexis, mientras ubica la correspondiente salida de la autopista. El GPS nos dirige hacia nuestro objetivo principal: la calle 3D (tramo de la calle 26 de julio, cuyo suelo tiene pinturas tridimensionales). Caminamos por ella con cierto despiste. Al vernos, un vigilante de la Asociación de Ahorros de Moca nos indica dónde colocarnos y cómo poner la cámara para ofrecer la ilusión óptica de que el retratado está muy por encima del nivel del suelo. Abrir los brazos, agacharse… Este ‘equilibrio’ simulado se convierte en diversión a cualquier edad.

El tramo tridimensional pintado por Julio Tejada mide unos 60 metros. En dos esferas elevadas sobre el pavimento hay imágenes relacionadas con la ciudad, incluidas las célebres muñecas sin rostro. Y otra esfera con municipios, museos y plazas.

(En otra ocasión contaré más de mi breve visita a Moca).