En la Ciudad Colonial: a pasear por El Conde

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A media mañana, mientras camino por la Ciudad Colonial, me detengo en la esquina del Parque Colón donde la calle El Conde se cruza con la Arzobispo Meriño. Frente a mí, el antiguo Ayuntamiento, o Casa Consistorial, donde resalta la torre con un reloj. En diagonal a éste, el Hotel Conde de Peñalva. En la calzada, las mesas del restaurant están ocupadas por turistas y lugareños. Ya en El Conde, en la arcada del Cabildo un mendigo, recostado de una columna, hace sonar las monedas en un vaso. Al frente, cerrado, el local de la Joyería Di Carlo, un ‘ejemplo de la arquitectura residencial del Centro Histórico en la segunda mitad del siglo XIX’. Resaltan sus ‘tragaluces de madera sobre las puertas’. Son ‘tradicionales de la zona norte del país’. (Citas: Guía de Arquitectura Santo Domingo)

Al caminar, veo a la izquierda un original letrero: ‘¡Viva México K…!’ Es de un restaurante mejicano. Por la hora no está abierto. Al aire libre varias casetas ofrecen artesanía criolla y otros artículos. ¿Será un mercadillo temporal? En el entorno, un gift shop y una tienda y factoría de cigarros, cuya vitrina observan dos turistas. Yo, en cambio, en la esquina con Duarte entro en el supermercado. Me pregunto si aquí estuvo la Ferretería Morey.

Al retornar es cuando noto que, en la esquina con Hostos, funciona un casino: del Hotel Novus Plaza. Mesitas al exterior permiten a sus huéspedes sentarse a mirar el ir y venir de la gente. En este hotel, antes llamado Comercial, en la década de 1970 León Bosch, Tomás López Ramos y otros pintores hacían sus tertulias. Sobre este solar estuvo mucho antes un restaurante de alto rango: el Hollywood.

Edificio emblema:

En la esquina suroeste se levanta el Edificio Baquero (ahora propiedad de un grupo empresarial). Dicen que está desocupado, pero hay balcones adornados con plantas. Fue construido en 1927, con siete pisos y sótano. Se cree que sus ascensores fueron los primeros instalados en Santo Domingo, y la gente hacía cola para verlos. ‘Por muchos años fue el edificio más alto de la ciudad’, siendo ‘emblema de la pujante clase comercial de inmigrantes españoles de las primeras décadas del siglo XX’. (Citas: Guía de Arquitectura Santo Domingo). Alojó la Ferretería Baquero, oficinas y viviendas. Margarita Baquero contaba a su hija Patricia Reid: ‘Como eran todos conocidos y amigos, el edificio era ¡una fiesta!’.

Leyenda:

Durante la II Guerra Mundial vivía en el Edificio Baquero una alemana, que servía a las causas de su país, pero lo traicionó con los aliados. Al ser descubierta la obligaron a entrar al ascensor y rompieron las cadenas. Lo cuenta David Pérez Núñez en Acento.com. Señala que hay quien afirma que se escuchan jadeos y pasos nocturnos.