La herencia cultural: Un tesoro de nuestros antepasados

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Las características físicas de don Hipólito Arias (Polito), a sus 106 años, eran una muestra inequívoca de su genética ancestral. A su edad seguían destacando su huesuda tez oscura, su gruesa nariz, su rústica y agrietada piel, junto a la reciedumbre física de una raza acostumbrada a los embates de la rudimentaria vida campesina. Recorría cada día 8 kilómetros, desde Las Lagunetas a San José de Ocoa, solo para vender algunos productos agrícolas y subsistir dignamente, sin necesidad de pedir o celebrarle el ego a los más pudientes. Este hombre extraordinario, conocido en la zona urbana como “El Paisano” y fallecido en mayo de 2017, combinaba su sencilla filosofía basada en la bondad, con la altivez del guerrero cuyo cuerpo no claudica, aun en las circunstancias más adversas. Según sus propias palabras, aspiraba a que: “La muerte lo encuentre andando”.

Mencionamos a Hipólito como ejemplo, pero en algunas comunidades de San José de Ocoa son abundantes las pruebas de la heredada fortaleza física de sus habitantes, muchos de ellos descendientes de valientes esclavos africanos, que desafiaron la muerte huyendo de sus amos opresores, rumbo a las montañas de ese lugar boscoso y despoblado, llamado entonces El Maniel.

La historia
A pesar de la errónea tendencia a marcar el inicio de la historia de los pueblos en el momento de su conquista, o a partir de la llegada de la pretendida raza aria a su territorio, lo cierto es que son imborrables y pesan más las huellas dejadas por los ancestros. En el caso de Ocoa, es innegable la presencia aborigen, mucho antes de la llegada de negros y blancos. La vida taína, con vestigios que hoy abundan, fue documentada por Pedro Mártir de Anglería, quien hizo referencia a los alrededores del antiguo lago en la zona que hoy es Rancho Arriba. Después de los taínos, llegaron los negros alzados y, posteriormente, mucho después, los descendientes de europeos y los inmigrantes de otras zonas del mundo.

El Maniel Viejo de Ocoa
De acuerdo a varios autores, la palabra Maniel representa el nombre taíno de lo que hoy es San José de Ocoa, afirmación que se contradice con la versión de que el nombre original era Ocoa y que significa “agua entre montañas” o “tierra entre montañas”. Otra interesante teoría asocia al nombre Ocoa con el instrumento agrícola llamado “coa”, un tipo de azada utilizado por los pueblos indígenas. Como nota al margen, señalamos que en Chile existe una zona montañosa, con características parecidas, cuyo nombre es Ocoa.

El profesor Plutarco Sección afirma que Ocoa era llamado El Maniel y que fue el primer lugar donde se refugiaron esclavos, que huían de ingenios circundantes a la ciudad Capital desde 1522. Argumenta que el nombre Maniel pasó a designar a los lugares donde se refugiaban conglomerados de esclavos furtivos. Aunque la teoría de ser el primer refugio ha sido rebatida, argumentando la existencia previa de refugios de cimarrones en otras zonas, ha quedado claramente establecido el sinónimo libertario de las tierras manieleras.

El acucioso investigador, profesor universitario y escritor Andrés Blanco Díaz afirma lo siguiente: “Con respecto a los negros alzados, muchos se movían en las lomas entre Ocoa y Azua. Las Lagunetas era uno de los sitios usados por esos cimarrones. Pasaban por las estribaciones hacia Estebanía, El Barraco y otros lugares escabrosos. Esos cimarrones son los fundadores de El Maniel”. Refiere Blanco Díaz, quien tiene sus raíces en dicha zona, que esos alzados huyeron de la opresión y la crueldad con que se vivía en el ingenio del poderoso gobernador colonial Alonso de Zuazo, ubicado en Palmar de Ocoa. Relata sobre la abundancia de puercos cimarrones, lo escabroso de aquellas estribaciones y peligrosidad que representaba para los españoles adentrarse por esos lugares.

Con mucha propiedad el investigador señala que: “En la segunda década del siglo XVI, las crónicas registran la existencia de negros alzados en aquellas esas lomas. Hacia 1660 ya había unas 600 familias de negros alzados o cimarrones, viviendo en aquellos territorios, inclusive en Las Lagunetas, que es la cuna de mis ancestros maternos”, con lo cual descarta la teoría que señala la fundación de Ocoa a principios del siglo XIX. En tal sentido, es notoria una carta del entonces arzobispo Francisco de la Cueva Maldonado, quien sirvió en la isla de 1662 a 1667, según consta en el portal Catholic Hierarchy, coordinado por David M. Cheney. En esta carta el religioso revela preocupación por la gran cantidad de esclavos que huían a El Maniel.

Esa notoria presencia de cimarrones en las montañas de El Maniel en el siglo XVII, provocó la preocupación de la Corona y la posterior entrada de tropas comandadas por el capitán Juan Villalobos, en busca de reducir a la obediencia a esa rebelde población. Las tropas recibían, como incentivo para involucrarse en tan peligrosa aventura, cabezas de ganado vacuno. En 1666 los conquistadores declararon haber logrado su propósito, luego de varios meses de persecución, captura y muerte. Pero el relieve montañoso de Ocoa, junto al desconocimiento de la zona por parte de los conquistadores, permite suponer con lógica razón que no todos fueron eliminados o capturados y que varios núcleos sobrevivieron en sus frondosas montañas.

El Maniel de los Lorenzos
En los albores del siglo XIX se estableció en El Maniel un nuevo conglomerado de negros furtivos. Por razones que no han encontrado una respuesta definitiva, se le conoció como El Maniel de Los Lorenzos. Algunas teorías apuntan en diversas direcciones: su posible procedencia de un ingenio de San Lorenzo de los Mina; la coincidencia de apellidos de las familias fundadoras, o que estos procedían del ingenio de alguien con el apellido Lorenzo. Sobre estas teorías nada se ha establecido con certeza, aunque por repetición muchos han asumido, sin más profundidad, la sencilla teoría de la coincidencia de apellidos en tres familias pobladoras de la zona.

Pero de lo que sí se tiene seguridad es de esta segunda incursión en la zona que hoy es San José de Ocoa. Y de esta presencia las muestras humanas son abundantes en cualquier paraje, sección o municipio pertenecientes a esta provincia sureña. El primer asentamiento fue en el lugar que hoy conocemos como El Canal, donde todavía existe una zona llamada Maniel Lorenzo. Pocos años después ocurrió el establecimiento de migrantes banilejos en Ocoa. De estos resalta el nombre de Andrés Pimentel, joven comerciante proveniente de Matanzas, quien encontró prosperidad y acogida en esta tierra. Se le atribuye una historia romántica junto a la joven banileja Ana Lucía Tejeda, historia que sirve de adorno poético al episodio de su llegada a esta tierra de abundancia.

Las incursiones de negros cimarrones en las lomas de Ocoa, mucho antes que la llegada de los blancos, no dejan dudas a la afirmación de que esta tierra es sinónimo de libertad. Pretender borrar el pasado con teorías que sacan a los cimarrones de circulación y restan importancia a la existencia de sus conglomerados, es colocarse del lado del error y la misma negación de nuestro pasado libertario. Es darle paso al racismo y a la discrimación del desposeído, como parte fundamental de nuestra historia. Este pasado debe ser mostrado con orgullo, sin dejar de lado los posteriores aportes de descendientes de europeos, árabes e inmigrantes de otras regiones.

SEPA MÁS

Historia de la herencia ocoeña

Sobre el origen de San José de Ocoa han escrito e investigado diversos autores, como: José Francisco Subero, José Agustín Concepción, Plutarco Sención, Pascual Casado y Alexis Read, este último autor de un exhaustivo trabajo, de amplia divulgación.

Entre los años 1500 y 1850, más de 12 millones de esclavos africanos fueron transportados al Nuevo Mundo.

Según publica el Servicio de Información y Noticias Científicas (SINC) en España, estudios de ADN procedentes del año 2015 sugieren que los esclavos traídos al Caribe procedían de Camerún, Nigeria y Ghana.

Al llegar al Nuevo Mundo, los esclavos eran sometidos a largas y crueles jornadas de trabajo.

En nuestra isla, el trabajo en los ingenios azucareros diezmó considerablemente la población de esclavos, lo cual provocó constantes huidas y dio paso al cimarronaje.

De este cimarronaje, peleando por su libertad, surgió gran parte de la población de San José de Ocoa.