Los hallazgos, publicados en ‘Nature Communications’, sugieren que la relación entre la grasa abdominal y el envejecimiento cerebral puede estar mediada por el control de la glucosa y la sensibilidad a la insulina.
La pérdida sostenida de grasa visceral, y no la de peso, se vincula con un mejor rendimiento cognitivo, ralentización de la atrofia cerebral y preservación de estructuras cerebrales clave a largo plazo, según un estudio de la Universidad Ben-Gurión del Néguev (Israel), junto a investigadores de la Universidad de Harvard, la Universidad de Tulane (EEUU) y la Universidad de Leipzig (Alemania).









