En ruta hacia el Morro

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“Ve despacio para tomar una foto”, pido a Alexis que conduce el auto en ruta hacia el Viejo San Juan, en Puerto Rico. Es que estamos a la altura del Capitolio. Se levanta a nuestra izquierda. No olvido cuánto me impresionó cuando lo visitamos en un viaje anterior, luego de hacer la cita previa. Avanzamos por la calle Norzagaray, que en un tramo la llaman también Boulevard del Valle, una vía cuesta arriba por cuyo malecón caminan varios turistas. Hacia la derecha, el castillo de San Cristóbal, en alguna de cuyas garitas entra la gente.

Fabiola se apea a leer lo que está escrito sobre una tarja. Avanza el vehículo. Un mar en calma de un límpido azul se perfila junto a una extensión de casas a un nivel muy inferior al de la calzada por la que transitamos: es la Comunidad La Perla. En un tiempo era un barrio donde sólo los moradores se atrevían a entrar. Proseguimos sin prisa. ‘¿Qué es eso?’ pregunto ante una serie de elementos que, por estar a un nivel inferior, no discierno. “Es el cementerio Santa María Magdalena”, dice Fabiola. Ya lo recuerdo de años atrás. Sobre un terreno en ascenso, aunque algo irregular, está la explanada. “Aquí vienen a volar chichigüas, que le dicen chiringa. En Semana Santa se enredan de tantas que hay”, agrega.

En el trayecto, hacia nuestra izquierda un edificio con aspecto de capilla llamó mi atención. También hacia ese lado está la plaza Quinto Centenario, donde sobresale el impactante Tótem Telúrico realizado con piezas de fragmentos de cerámica, en alusión a los objetos creados por los taínos. La conocí años ha. Ya en el punto donde inicia el Paseo del Morro, como no hay estacionamiento, Alexis me pregunta si quiero apearme y caminar hasta el mirador.

Él buscará un parqueo. Le miro estupefacta. “¿Caminar bajo el sol? Es muy largo. Ya fui una vez”. (Luego me entero, por Coralis Orbe, que el paseo a paso lento es de apenas 10 a 15 minutos). El Morro, como se conoce al Castillo San Felipe del Morro, del siglo XVI, en la parte norte del Viejo San Juan hacia el Océano Atlántico, es uno de los puntos turísticos más internacionalmente conocidos de Puerto Rico. En tiempos de la colonia protegía la zona.

PIRAGUAS:

Al aire libre frente a la entrada de la calle hacia el Morro hay un puesto de piraguas. Así llaman en Puerto Rico a los Yun-yun. El propietario es un dominicano. Se enteró Fabiola cuando bajó a comprar uno de frambuesa. Lugar perfecto para saciar la sed de quienes regresan del paseo al Morro.