El cementerio del artista muerto en vida

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Londres, entre octubre de 1928 y septiembre de 1929. Con la Gran Depresión sin avecinarse en el camino de la historia, nos encontramos en una ciudad repleta de máquinas de vapor, convirtiéndola en una ciudad lúgubre y monótona, pero que tiene su encanto. Con descripciones más profundas que esta comienzan los capítulos del libro reseñado a continuación.

“Un cuarto propio” (1929) es un ensayo narrativo escrito por Virginia Woolf, inspirado en dos conferencias que ella pronunció en octubre del ’28. La historia del origen de este ensayo es casi igual de interesante que esta misma narración: a Virginia Woolf le encargaron realizar una serie de conferencias con respecto al tema de “Las mujeres y la novela”. Sin embargo, una tarea que en un principio parecía sencilla, para Woolf se convirtió en un problema o dilema de género sin resolver.

Woolf durante su investigación y experiencia propia, se percató de una problemática más personal y mucho más importante que la asignada, aunque no lo parezca: “ para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio”. Lo que en aquel entonces parecía una cuestión menor, es en realidad la chispa de innovación que proporciona Woolf al imaginario feminista.

Le acuño al libro el género de ‘ensayo narrativo’, por la forma en que Woolf insiste en su mensaje: a pesar de su carácter activista, ella combina esa consciencia crítica y disección del tema con breves destellos de narración y espléndidas reflexiones sobre el denominado “patriarcado” en el que vivimos. A través de un estilo de frases compuestas y párrafos largos, Woolf combina varios géneros en uno: novela corta, novela de aprendizaje, ensayo, crítica literaria, e incluso novela psicológica. Con esta genialidad, Woolf expone sus ideas en una manera creativa y genial, que si bien hace la lectura un poco más complicada, no por ello menos interesante.

Las ideas de este libro siguen siendo vigentes, pero una en particular resonó en mí enormemente: para escribir textos que perduren en la memoria colectiva, es necesario tener una mente en extremo abierta y una buena edificación literaria y artística, un requisito todavía inaccesible para un sinnúmero de mujeres hoy.

Otro requerimiento no menos importante y, que de seguro nos hace falta a muchos durante esta pandemia, es ese “cuarto propio”, a lo que Woolf alude con un espacio tanto real como simbólico, donde nuestras obras puedan ser comunicadas en su estado puro. Este estado al que fueron privadas las mujeres por milenios, es algo por lo que Woolf luchó en vida intelectualmente, y que, por ello, perduró en nuestras consciencias.

Este viaje narrativo es hoy considerado un ensayo fundamental para comprender el feminismo, al que añado: un feminismo literario.