Todo lo que fue mal con HTC

Vía

www.elmundo.es

¿Cómo se pasa de ser una pujante compañía de móviles a tener que vender una parte de tu negocio a Google para sobrevivir?

Google ha comprado una parte de HTC por 925 millones de euros

Si se aparta la mirada del éxito cegador de Samsung y Huawei, el catálogo de fabricantes de teléfonos Android toma un aspecto diferente. Detrás del inmenso número de teléfonos vendidos se esconde un puñado de empresas que malviven con márgenes de beneficio prácticamente inexistentes y dependen de acuerdos puntuales con operadoras o la inclusión de apps de terceros en sus teléfonos para seguir adelante.

El desenlace de HTC, por tanto, no pilla a nadie por sorpresa. Ayer, la compañía anunciaba un acuerdo con Google para recibir una inyección de 1.100 millones de dólares a cambio de licenciar sus patentes y llevarse a 2.000 de sus ingenieros, diseñadores e investigadores. La mitad de la plantilla.

No supone la venta completa de la compañía. HTC puede seguir operando de forma independiente y lanzando sus propios teléfonos, pero el traspaso de ingenieros a Google, cada vez más interesada en fabricar sus propios dispositivos, poco menos que deja la empresa convertida en un logotipo que plasmar en los mismos teléfonos que venden el resto de marcas pequeñas.

A la empresa taiwanesa le queda un último cartucho, un buque insignia que ya está casi finalizado y lanzará próximamente al mercado, pero a partir de ahí tendrá que trabajar con la mitad de personal en un mercado que ahora tiene no sólo un competidor más, sino uno -la propia Google- que juega con ventaja.

El acuerdo, en cualquier caso, es todo un premio a la fidelidad de HTC. En 2008, fue la primera empresa en trabajar con Google para poner en el mercado un móvil Android, el HTC Dream.

El lanzamiento del iPhone en 2007 había pillado al equipo de desarrollo de Google por sorpresa. La empresa estaba desarrollando Android como un competidor para los teléfonos Blackberry. Al ver el nuevo teléfono de Apple, Andy Rubin -responsable de la plataforma- decidió cambiar por completo de estrategia y apostar por una interfaz táctil con una gran pantalla.

HTC era la única compañía con los recursos suficientes para acompañar a Rubin en este nuevo rumbo. La empresa nació en 1997 como un fabricante de ordenadores portátiles y teléfonos inteligentes para terceras compañías. No tenía marca propia sino que vendía sus diseños y capacidad de fabricación a empresas como Palm o HP.

A mediados de la primera década del siglo, sin embargo, HTC comenzó a avanzar en el mercado de consumo vendiendo directamente al consumidor dispositivos con su propia marca, generalmente apoyados en los sistemas operativos Windows CE y Windows Phone.

La ventaja de contar con una línea de producción propia fue la clave para llegar antes que nadie al mercado de Android. HTC no sólo fabricó el primer móvil para Google, también el segundo, el HTC Magic y el primer teléfono de la gama Nexus, que Google creó para dar a los desarrolladores de la plataforma un dispositivo canónico sobre el que programar sus apps.

En 2011, sin embargo, un catálogo extenso y una pobre estrategia comercial comenzaron a hacer mella en la empresa. La cuota de mercado de HTC pasó del 67% al 32%.

Android comenzaba a popularizarse en todo el mundo y el número de smartphones vendidos se disparaba pero la única marca que parecía aprovechar la inercia del mercado era una compañía surcoreana, Samsung, que hasta entonces no había tenido una presencia destacable en el mundo de la telefonía inteligente pero que contaba con enormes recursos.

En 2012, Samsung superó la cuota de mercado de HTC y con sus arcas repletas, empezó a invertir grandes cantidades de dinero en publicidad y marketing. HTC, sin tantos recursos, era incapaz de competir para ganar la atención de los consumidores o recompensar al canal de ventas con comisiones, así que su caída se aceleró aún más.

Entre los consumidores la imagen de HTC también comenzó a cambiar. Su capa de personalización de software, HTC Sense, le había permitido diferenciarse de otros modelos, pero Android comenzaba a desarrollar su propia personalidad como sistema operativo, y estos añadidos empezaban a verse como un estorbo para la experiencia más que como una utilidad.

La empresa trató de compensar el declive con apuestas arriesgadas, como el lanzamiento de una tableta -Flyer, un fracaso en ventas-, los acuerdos con Facebook para lanzar teléfonos asociados a la plataforma, como el HTC ChaCha y el HTC Salsa -reducidos hoy a un chiste en el sector-, y el apoyo a un Windows Phone que fue incapaz de mover el mercado.

Desde 2012 se puede decir que HTC ha servido para mostrar la injusticia del mercado del smartphone. Es una compañía que diseña buenos teléfonos, terminales que han tenido excelentes críticas, pero que no han conseguido despertar el interés del consumidor por tener rivales mejor posicionados en el canal comercial, con mejores acuerdos de operadora o simplemente -en los últimos años- con precios mucho más bajos.

Con un mercado tan tóxico, el único paso posible para HTC era buscar una salida hacia el mercado de los accesorios. Probó con las cámaras, lanzando la RE Camera, un dispositivo pensado para emitir vídeo en directo y resistente como una GoPro. No funcionó, y con el tiempo se ha comprendido el motivo. Incluso a GoPro le está costando mantenerse a flote en un sector que parece tener un público reducido y que no renueva a menudo el producto.

Su otra apuesta, la realidad virtual, le ha salido mejor. Vive, su casco de realidad virtual, está vendiéndose mucho mejor que su competidor, Oculus Rift. Pero se trata todavía de un negocio pequeño y en el que el smartphone podría terminar jugando un papel mucho más decisivo que el PC.

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